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Cómo las bacterias estomacales controlan nuestro cerebro

julio 18, 2017

Se han realizado cálculos que aproximan que por cada tres células de nuestro organismo, dos son bacterianas y solo una posee naturaleza humana, a esta enorme comunidad dentro nuestro la denominamos microbiota. Se suele entender que cuando se habla de bacterias se hace referencia a microorganismos de carácter maligno, pero la verdad es que la gran mayoría de estas realizan funciones vitales e inmunológicas en nuestro organismo, de hecho hay pocos parámetros fisiológicos que no relacionen bacterias para su correcto funcionamiento.

Las bacterias consumen parte de nuestro alimento y nos recompensan aprovechando nutrientes y proteínas que de otro modo tan solo podríamos desperdiciar, también generan enzimas, hormonas y vitaminas. No es de extrañar que haya una comunicación continua entre los intestinos y el cerebro; las bacterias que se encuentran en nuestro sistema digestivo interactuan de forma directa con el sistema endocrino, inmune y nervioso, afectando a nuestro estado físico como mental, o influenciando en el desarrollo de muchas enfermedades. Desde el mismo momento de la gestación, la microbiota de la madre empieza a cambiar para favorecer el proceso. Todo lo que la madre come, determinará en cierta media los cambios de la microbiota en el recién nacido.

Se han realizado investigaciones con ratones que no poseen flora intestinal; en este estado se percibe un deterioro mental en los ratones, alta hiperactividad, estrés y un sistema inmunológico débil y subdesarrollado. En la universidad de Kyushu le añadieron de forma artificial el tipo de bacteria Bifidobacterium infantis, el nivel de estrés disminuyo considerablemente.

También dieron a los ratones bacterias extraídas de otros mismos, y acto seguido adquirieron parte de la personalidad de los donantes. Esto funciona incluso cuando el donante es un ser humano: al “infectarlos” con la microbiota de personas deprimidas, estos mostraron signos de depresión.

Y uno de los datos más interesantes recolectados por el cuerpo científico es que más del 60% de las personas que sufren autismo tienen serios desordenes intestinales.

 

Así que podemos llegar a una conclusión: Estamos invadidos por bacterias que viven pacíficamente en nuestro cuerpo, pero si las alteramos y desordenamos su “casa”, se rebelan y nos controlan sin nosotros apenas sospecharlo. Pero no hay de que preocuparse, podemos crearles un buen ambiente cuidando el ecosistema en el que viven:

  • La forma más sencilla de influir en nuestra flora intestinal es a través de la dieta: comer probioticos. No hace falta comprar yogures de ninguna marca en especial. Los alimentos fermentados, como el yogur, chucrut, kefir, kimchi contienen millones de bacterias del tipo bifidus. Además, los alimentos con prebióticos (alimento para las bacterias), como las legumbres, cebollas, espárragos o ajo, ayudarán a que vivan felices.
  • Si las bacterias producen estrés, cualquier medida para controlar el estrés afecta positivamente a las bacterias en nuestro intestino. Los ejercicios de respiración o la meditación consciente pueden cambiar la composición de la flora intestinal.

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